Mi Historia
Desde pequeño tuve la suerte de tener una computadora en casa. En esa época era algo poco común, aunque tampoco una rareza, pero fue suficiente para que me conectara rápido con la tecnología. Crecí como cualquier otro niño: viendo caricaturas y jugando videojuegos, pero también pasaba horas viendo documentales porque siempre tuve curiosidad por entender cómo funcionaban las cosas por dentro.
A los 7 años descubrí el ajedrez y me enganché por completo. Resulta que se me daba bien: gané el torneo de mi primaria, llegué a ser el segundo mejor jugador del colegio y pude competir en los eventos de la Liga de Ajedrez de Antioquia. Más allá de las competencias, el tablero me enseñó a organizar mis ideas y a pensar un par de pasos por delante.
Sobre los 11 años pasé por una crisis filosófica y de identidad temprana. Buscando respuestas, me interesé por el budismo y el taoísmo. Gracias a eso encontré en la meditación una forma de calmar la mente, desarrollando un hábito que hasta el día de hoy es mi mejor herramienta para mantener el enfoque.
Esa mezcla entre lógica y concentración encontró su lugar perfecto a mis 14 años, cuando me interesé por aprender sobre computación y desarrollo Frontend a un nivel más técnico; fue mi primer contacto real con la creación de proyectos. A los 16, mi fascinación se desvió hacia las criptomonedas, llevándome a completar la Escuela de Blockchain y Criptomonedas de Platzi con apenas 17 años. Descubrí que podía dominar cualquier sistema complejo si le dedicaba la atención adecuada.
A los 18 me sumergí de lleno en la lectura, expandiendo mis horizontes radicalmente. Hoy, a mis 21 años, curso la segunda mitad de Ingeniería Informática y formo parte del seminario de ajedrez avanzado de mi universidad. Mi curiosidad sigue intacta: aprendo a dominar Linux y dedico mi tiempo libre a experimentar en la frontera tecnológica, ejecutando modelos de inteligencia artificial (LLMs) en local con herramientas como Ollama y OpenCode.
David Albarracin